La Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad es la más antigua de las penitenciales de la ciudad de León. Erigida canónicamente en la parroquia de Nuestra Señora del Mercado (la del Camino, la Antigua) y con sede en la capilla de Santa Nonia, desde donde tienen origen y final sus procesiones, cuenta en la actualidad con más de tres mil trescientos hermanos y hermanas, siendo una de las más numerosas.

Se desconoce la fecha de su fundación, pues un vándalo entusiasta, o un anticuario rapaz, sustrajo la primitiva regla que, según nos consta por un documento notarial, estaba escrita en caracteres del siglo XVI y con magníficos miniados. Parece ser que algunos historiadores locales encuentran referencias en los años 1521, 1550, 1556, y la enlazan con la procesión de los disciplinantes, conocida por un famoso altercado en el año 1521 con ocasión de la revuelta comunera de nuestra ciudad. Sería interesante poder constatar esos datos, pues ello la convertiría en una de las más antiguas de España.

Venimos considerando la fecha de 1572, en que se encuentra implantada con capilla propia en el convento que entonces se decía del Señor Santo Domingo, extramuros de la ciudad. Allí se servia y cantaba y rezaba, según se cita en documentos, la cofradía o compañía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad de la Madre de Dios. De 1578 existe un documento que alude a la fundación de una capilla, hecha bajo ciertas cláusulas o condiciones por el licenciado Diego Vaca de Mayorga y su esposa. La hermandad habla de abonar al monasterio dos cargas de trigo al año, y tenía el deber y el derecho los cofrades de guardar las dos imágenes (Angustias y Soledad) en dicha capilla, señalando el escrito "sin que las puedan sacar sino a sus procesiones y terminadas éstas han de volverse al altar vestidas y aderezadas a costa de la Compaña". La hermandad había de ser preferida a otras en cuanto a la celebración de los oficios en la iglesia del convento. En 1852 se aprobaron estatutos por el prelado Francisco Trujillo. Señalan los documentos que el abad mandaba llamar a los hermanos por las calles mediante una campana que tocaba el abogador de la cofradía.

En 1624, los hermanos que confiesan ser la mayor y más sana parte de la Compañía se reúnen y dan poder al abad, procurador y seises para que les representen en pleito sobre la posesión de una casa de molinos y otros bienes en Villabalter (pedanía del cercano ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo). Por el citado documento, conocemos sus hombres y que ascendían a 121, número muy importante teniendo en cuenta que la población de la ciudad, que se encontraba en una situación económica desastrosa, rondaba los 800 cabezas de familia cuando anteriormente había alcanzado la cifra de 1500. En 1817, la cofradía contaba con 165 hermanos, de ellos 19 mujeres y, de acuerdo con el catastro del Marqués de la Ensenada, León disponía a mediados del siglo XVIII de 1390 vecinos, que suponían 4769 habitantes, más otros 795 entre clérigos y sus familiares.

La ciudad de León se proclama en armas contra el francés el 24 de abril de 1808. El 26 de julio de aquel año los franceses toman la ciudad y efectúan una segunda entrada, calamitosa para nuestro patrimonio artístico y cultural, el 29 de diciembre. No solo saquearon San Isidoro y su panteón real, sino que provocaron un incendio el 1 de enero de 1809 en el monasterio de Santo Domingo, que habían convertido en cuartel. El monasterio y la iglesia quedaron tan mal parados que, en 1814, el prior solicitaba la capilla de Santa Nonia para celebrar sus oficios. Y con los frailes debieron ir a Santa Nonia varias de las cofradías allí establecidas. Así conocemos, por estar el resguardo en los archivos, que en 1816 comenzó la cofradía de Angustias a pagar el piso de Santa Nonia a la cofradía de la Esclavitud que era a la sazón la titular del templo. Los libros de cuentas lo reflejan como limosna a la Congregación de los Siete Dolores por estancia de las efigies de la cofradía, por un importe de 6 reales de la época. En 1832, la cofradía seguía celebrando junta general en el atrio de Santo Domingo, aunque no estuvieran allí sus imágenes. En 1834 pasa a depender de la parroquia del Mercado.

Con la exclaustración originada por la Desamortización, la subsiguiente pérdida definitiva de la capilla propia en el mencionado convento, y la incautación por el estado de los censos a favor de la cofradía, mucho debió de ser la pérdida de patrimonio e influencia. Por la penuria económica, se ve obligada a formalizar un acuerdo o concordia con la cofradía de la Vera Cruz, la cual, hasta entonces, no desfilaba por la ciudad. Se establece en las cláusulas que la procesión se celebre y corra el gasto por cuenta de cada cofradía en años alternos, correspondiendo a Angustias la organización en los años pares. Desde 1830, así se viene realizando.

Primitivamente, los fondos que la cofradía no precisaba para el funcionamiento anual se invertían en censos, una especie de créditos hipotecarios. El Estado realizó una expropiación de estos recursos con la Desamortización. Posteriormente "los fondos provenientes de las entradas de hermanos" pasaron a invertirse en préstamos personales, principalmente a vecinos del alfoz de la ciudad. Analizado este hecho con la mentalidad de hoy en día puede parecer una dedicación no adecuada para una entidad religiosa. Hay que tener en cuenta que, en aquella época, el acceso al crédito por parte de la gente humilde a los intereses marcados legalmente por el estado, era en la práctica, casi imposible y determinaba que, acudiendo a usureros en busca del dinero que precisaban, los años de malos resultados en que no se podían pagar las amortizaciones, los que hablan tomado crédito llegaran a perder sus tierras y casas. Es histórica la importancia que, para la puesta en marcha de cajas de ahorros populares, tuvieron dignidades de la iglesia que veían en ellas una defensa de los más necesitados ante los poderosos prestamistas. Los créditos, que eran muy solicitados y no se podían conceder en su totalidad por falta de recursos, reflejaban ser "para urgencia de su familia", y los aplazamientos del principal "hasta la recolección de los granos" o "al San Martín de noviembre" siempre se concedían.

La cofradía tuvo como fuente de ingresos el salir encomendada a funerales, es decir, asistir con insignias y pendonetas a fin de darles ornato y prestigio. Estas salidas se realizaron también gratuitamente en el caso de "individuos que sufrieron la última pena". Era obligada la asistencia en el caso de hermanos de la cofradía, y para éstos se sufragaba también el costo de remitirles el viático en el caso de estar enfermos. Subsiste hoy en día el derecho de los hermanos a disponer sobre su cadáver un manto bendito de La Soledad.

A lo largo de su historia, ha participado en múltiples procesiones interesadas por el Ordinario de la diócesis, como las de la Bula, por las Misiones, las de la Inmaculada, por la salud e intenciones del Papa, por el recibimiento de un nuevo Obispo, etc. Asimismo, en procesiones cívicas pidiendo "por las necesidades del Estado", "agua para los frutos pendientes" o el "triunfo de las armas españolas en la guerra de África".

La regla o estatutos vigentes a principios del siglo pasado establecían la obligación de acompañar a la Virgen del Camino desde el Santuario cada vez que venía a visitas o a rogativas a la Santa Iglesia Catedral, y así consta que se realizaba. Constituía asimismo obligación la asistencia a la procesión del Rosario en la parroquia de Santa Marina, con toda seguridad debido a haber estado esta imagen y advocación en el Monasterio que fue sede. En su composición humana, la cofradía siempre ha estado integrada por católicos de todas las clases sociales y estamentos, siendo prueba de ello haber tenido abades cuyos oficios eran tan dispares como procurador de la ciudad, zapatero, fiscal o barbero. Desde su fundación, ha integrado mujeres y, ya en 1942, los estatutos recogían "que siendo admitido en igualdad de deberes y derechos varones y hembras". Bien es cierto que hasta que en el año 1992 se produjo la adecuación de los estatutos a los tiempos actuales y al vigente código de derecho canónico, se recogían disposiciones eclesiásticas que prohibían a las mujeres participar con el rostro oculto en las procesiones. Hoy en día son muchas las hermanas que acuden con túnica reglamentaria y pujan los pasos a ellas reservados. Existe un Reglamento de Braceros y Banderas en el cual se recogen los derechos y obligaciones de los titulares de cargo en las procesiones, estableciéndose que los pasos sean portados a hombros de los denominados "braceros".

Los avatares de la guerra civil estuvieron a punto de terminar con esta antigua cofradía. Sin embargo, en 1940, se realizó una junta general extraordinaria con la asistencia de 22 hermanos en la que se acordaron las líneas de una reorganización con tanta fuerza que, en 1942, se aprobaron estatutos, se volvió a celebrar la fiesta de la Alegría, se incorporó el Cristo a la procesión y se produjo el alta de un considerable número de hermanos. Desde entonces, el progreso ha sido constante con nuevos actos, un incremento importante en el número, un aumento del patrimonio artístico de la cofradía y la incorporación de nuevas actividades, como bolsas de caridad, conciertos benéficos…

Historia de la Cofradía