El paso que nos ocupa cuenta con una talla que fue realizado por Ángel Estrada Escanciano en el año 1964. Mucho se ha hablado y escrito de esta imagen, que se considera la mejor obra de Estrada en nuestra ciudad. Estamos ante una visión dramática de la muerte de Cristo con los ojos abiertos, la boca entreabierta, prescindiendo de elementos postizos que acentúen las señales de la Pasión. El perfecto desnudo, su estudio muscular, las líneas mórbidas y el estilizamiento general dejan patentes la formación clásica del autor, evitando la excesiva sangre, la truculencia y los recurridos efectos visuales.  

Estamos ante un yacente humano que resalta la parte mortal de Jesús, en contraposición a otras interpretaciones que exageran el misticismo o la divinidad por encima de la muerte. El Yacente de Estrada es un cadáver, mientras que otros parecen no mas que durmientes. El difunto de Estrada es un auténtico difunto, una visión descarnada de la Parca sin aderezos litúrgicos ni interpretaciones mesiánicas. 

En cuanto al efecto conseguido se dice que es fruto de haberse inspirado en un ahogado, pero parece que utilizo como modelo a un gitano que todas las tardes acudía a su estudio, donde se tumbaba para posar, lo que provocaba que terminara durmiéndose. Después de terminada la obra, el gitano seguía acudiendo todas las tardes por el estudio cobrando únicamente por dormir.

Estaba previsto que este paso sustituyera al Santo Sepulcro, y así fue en el año 1964. En años siguientes ya procesionaron juntos, aunque en 1966 el Yacente no termino la procesión, pues se rompió un brazo de la parrilla que se había hecho en la calle del Cid, y la procesión, en general, quedó muy deslucida por la fuerte lluvia, sobre todo a partir del descanso.

En esa parrilla realizada en 1966, como parecía que el Yacente no se veía lo suficiente en la calle, se dispuso la talla en unas andas que sólo llevaban braceros delante y detrás, estando la parte central más baja, para que el público pudiera observar fácilmente la escultura. Se trataba de una innovación en la semana santa de León ya que nunca había visto un paso así. Pero curiosamente hubo también muchas quejas pues el Yacente sólo lo veían los de las primeras filas, pero no los que estaban detrás. Dado que por problemas mecánicos se rompía la parrilla metálica, se desechó esta forma de procesionar a partir de 1970.

Tras diversos tronos y andas la idea del proyecto del paso actual partió de Marcelino González Montiel, con evidente inspiración en el trono del paso del Yacente de Málaga. Se dispuso en 1992 como catafalco del Cristo un trono que realizara Víctor de los Ríos en el año 1947 para el Santo Cristo, y que posteriormente sería descartado para ese paso por su peso y fuera usado una parte como sotabanco del Retablo de la Cofradía y otra para mesa de la Santa Urna en la Iglesia de Santa Nonia. Los hacheros fueron dibujo de Agustín Nogal Villanueva ejecutados en el año 2000 por los talleres de Suso Dorrego de Madrid y policromados por José Luís Casanova.

En el año 2000 fue restaurado por el propio autor que, además, mejoró y retalló algunos detalles para definir mejor los rasgos anatómicos. En esa ocasión procedió a limpiar toda la pieza, a eliminar las partes dañadas y a repasar todas las grietas, y policromía en las partes necesarias.

El Cristo Yacente es un paso que impresiona e inspira a todos los hermanos por su descarnada representación de la muerte. Así lo recoge este extracto de un poema compuesto por el Hno. Javier Antón Cuñado, bracero de la Virgen de las Angustias: 

 

 

"En andas de palo negro

 reposa Jesús Yacente.

 Sus cinco llagas son brotes,

 sus cinco llagas son fuente.

 Blanco sudario de lino,

 blanco sudario de nieve.

 Cuatro blandones de sangre

 son todo lo que posee".