La Virgen de las Lágrimas fue realizada en 1952 por el leonés Manuel Gutiérrez Álvarez y reformada posteriormente por Andrés Seoane. Aunque el escultor ideó ésta como talla total, al final, la intención original de su autor, por diversos motivos, se plasmó en una imagen de vestir.

Representa una imagen de la Virgen madura, con el rostro levemente inclinado hacia la izquierda, los ojos entornados y boca sollozante que deja ver la talla de la lengua y los dientes. La nariz, con el extremo ligeramente curvado, es el eje de la simetría de un rostro recio y alargado. Las cejas se arquean hacia arriba subrayando el dramatismo gestual y el abatimiento de la mirada. Las manos, en posición suplicante, se elevan hasta la altura del pecho, siendo los dedos de ejecución alargada. Los ojos, mirando al cielo, y la expresión de la boca, explotan unos recursos teatrales encaminados a sobrecoger el ánimo del espectador, concitando su atención en torno al drama del personaje. Se trata de una obra que no deja a nadie indiferente. Esta imagen es más proclive al espiritualismo que al esteticismo. Si bien carece de un concepto idealizado de belleza, es una imagen de profunda expresividad, que nos enseña a llorar ante la Cruz.

El manto fue confeccionado por Juan Carlos Campo y presentado y bendecido en la Casa de Hermandad por el Rvdo. Manuel Flacker Labanda en la Cuaresma del año 2012. Lo lució por primera vez en la calle durante la Semana Santa del año 2012 en la Procesión del Dolor de Nuestra Madre, en la cual Nuestra Señora de las Lágrimas tiene un papel central.

Como curiosidad hay que decir que este fue el primer “paso” que pudieron pujar las hermanas de Nuestra Cofradía, cuando en 1992 el cambio de estatutos las equiparó a los hermanos y las permitió salir con túnica en nuestras procesiones.