Pasos de la Cofradía

Sagrada Lanzada

Manuel Hernández León, 2002

  • Trono: realizado por el Equipo de Montaje de la Cofradía, 2006
  • Pujado por 96 braceras en la Procesión del Santo Entierro.
  • La imagen del Crucificado se encuentra expuesta al culto en la Capilla de Santa Nonia.

Representación

Segundo conjunto procesional incluido en la Solemne y Oficial Procesión del Santo Entierro, representa el momento en el que Longinos montado a caballo propina, para cerciorarse de su muerte, la Sagrada Lanzada en el costado derecho a Jesucristo, que yace en la Cruz, como narra San Juan Evangelista en su evangelio; 

“Pero al llegar a Jesús, como vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al instante, salió sangre y agua”.

Juan 19 : 22-24

Su realización fue encargada en el año 2.000 al escultor sevillano Manuel Hernández León, presentando la maqueta del citado paso el 13 de abril del mismo año. El proyecto del artista comprendía a Jesús crucificado,el soldado Longinos a caballo vestido con armadura, casco y clámide, armado con lanza, a San Juan y a su madre María Dolorosa, observando la escena y a María Magdalena de rodillas abrazada a los pies de la cruz y llorosa con pañuelo en su mano izquierda. Aunque el resultado hubiera sido impresionante, la realidad se acabó imponiendo y por cuestiones puramente físicas, ya que las dimensiones del paso y su escenografía son francamente monumentales, se decidió modificarlo a su estado actual.

El conjunto de Longinos, su áuriga y el caballo, es deudor de los monumentos ecuestres barrocos, proporcionando un sugestivo juego de tensiones contrapuestas en la descripción del animal y la valiente y osada actitud del emocionado jinete que trata de dominar el movimiento de un erguido y encabritado caballo que le opone resistencia, observese también la sensación que da la capa de estar flotando en el aire. El caballo se espanta ante Dios muerto, el convertido romano Longinos, así lo expresa su mirada, se pasma ante lo que por su mano ha acaecido.

Digna de ser destacada del conjunto del misterio, por su gran belleza artística y excepcional factura, es la figura de El Crucificado, de pulcritud anatómica sublime, constituye una austera y grandilocuente re-lectura de patetismo silente, sereno y desgarrado. Sin duda, transporta los referentes barrocos a un Crucificado recientemente muerto y de hermosa cabeza, cuyo cuerpo lacerado es muestra evidente de los tenaces esfuerzos musculares que hubo de realizar. Una pieza acertada y de espectacular presencia. La conmovedora faz de Cristo es hábilmente explotada por el escultor, logrando suscitar una síntesis perfecta entre la tortura física de Cristo y su divinidad, evitando el excesivo contorsionismo anatómico. La solución dada a la corona de espinas, exigencia contractual fijada por la Junta de Gobierno de esta Cofradía, enriquece, bajo un prisma iconológico, el mensaje de triunfo sobre la muerte.

La talla

El Crucificado, está tallado en madera de cerdo real y ahuecado su tórax, mide 1,75 metros y pesa 48,5 kilos estucado y policromado. La Cruz en madera tallada, árborea, policromada, no está ahuecada y mide 3 metros de larga, mas un metro de cajillo interior y 0,40 de cabeza, con un peso de 47 kilos, una curiosidad es la tablilla que le solían poner, con la inscripción INRI, en este caso esta redactada en Hebreo, Griego y Latín. Frente al Cristo va el soldado, asentado a horcajadas sobre el caballo, que mide 2,20 metros de largo y una peana de otros 2 metros de largo, con una alzada de 0,10 metros con losas irregulares talladas. Caballo y jinete van tallados en la misma pieza, todo estucado y policromado, y la coraza y casco dorados en oro fino de 22 quilates, su peso y sus grandes dimensiones, añaden un grado mas de esfuerzo, sacrificio y penitencia a sus aguerridas braceras en la noche del Viernes Santo.

El paso fue bendecido y presentado en el patio del Palacio de los Guzmanes, sede de la Diputación de León, en la Cuaresma de 2.002, en un emotivo y multitudinario acto, presidido por el entonces abad D. Carlos Jiménez Villegas, que dirigió unas palabras a las autoridades, hermanos y público asistente, finalizando el acto con la actuación de nuestra Agrupación Musical.

Precisamente el hecho ser portado completamente por hermanas de la Cofradía y también por su elevado peso , confiere, a esta escenografía tan monumental, un característico modo de puja muy peculiar dado el enorme ejemplo de valentía y arrojo demostrado por éstas, sobre todo en determinados tramos de la procesión, teniendo que elevar y descender el paso en innumerables ocasiones a causa de cables y balcones y en las que incluso ha de desmontarse algún segmento de las varas para poder entrar en determinadas calles, como al final de la empinada Cuesta de las Carbajalas, verifican el sobre-esfuerzo y el grado de compromiso, de sus braceras titulares y sus más de 140 suplentes.

Para terminar, incluimos la poesía realizada por el hermano Javier Antón Cuñado, bracero de la Virgen de las Angustias sobre este momento bíblico y que recoge con gran acierto lo que La Sagrada Lanzada representa;

Fue la última duda,
la muerte
estaba allí
y no la vieron.
Tras el inútil gesto
del galope,
tras la lanza
que nada pudo derribar,
la última herida del planeta,
la deuda saldada,
las brasas aún calientes

Javier Antón Cuñado