San Juan

Francisco Javier Santos de la Hera, 1982
Trono: Taller astorgano Proceso Arte 8, año 2000.
Pujado: Por 92 braceros en la Solemne Procesión del Santo Entierro.
Se encuentra expuesto al culto y en la Capilla de Santa Nonia.

La Representación

La Representación

Ocupa el noveno puesto, y antecede en la Solemne y Oficial Procesión del Santo Entierro al paso de palio, y según crónicas de la época, es el cuarto paso en antigüedad de la Cofradía.

El Discípulo Amado, suele ser representado como un adolescente, ya que es considerado como el más joven del grupo de “Los Doce”, y uno de los más destacados y cercanos al Señor. Está representado por el águila, su atributo más conocido, que representa el alto valor teológico de sus escritos.

Como curiosidad, San Juan formaba ya parte de la procesión del Santo Entierro antes de la guerra civil española, teniendo datos de 1934, en una crónica de la procesión del Santo Entierro se indica que:

Solo cuatro pasos: Jesús muerto en brazos de su Madre, Sepulcro, San Juan y Dolorosa.

Cuestión que se mantiene en otra crónica de 1938. Por aquel entonces la talla que formaba parte de nuestra procesión era el “San Juanín de tirabuzones”, como popularmente se le conocía, propiedad de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, continuando con dicha cesión los años pares, a partir de 1946, cuando la Cofradía Hermana adquiere su nueva talla de San Juan de Víctor de los Ríos.

Ante la necesidad de tener un paso propio, en 1969, el entonces Abad el hno. Emilio Gago Revuelta, presentó un presupuesto del escultor Ángel Muñiz Alique para realizar un San Juan propio, quedando pendiente de mejor situación económica de la Cofradía.

Ya en 1980, siendo Abad, el hno. Guillermo Pintor Machín, se somete a consideración de la Junta de Seises los proyectos de mejoras de pasos y el Seise Marcelino González de Montiel, considera urgente acometer la realización de un paso de San Juan.

Creada comisión a tal efecto, se presentan dos proyectos totalmente contrapuestos, el primero de José Ajenjo Vega, en consonancia con el tradicional estilo de su maestro Víctor de los Ríos, y el segundo, de Francisco Javier Santos de la Hera, siendo muy expresivo y dinámico. Tiene suerte la Cofradía de tener entre sus miembros de Junta de Gobierno, al hermano Marcelino González de Montiel, licenciado en Bellas Artes, que analiza la concepción artística y las diferencias entre ambas tallas. Contrastadas las propuestas, la Cofradía se decanta por el proyecto de Santos de la Hera. En Junta General de hermanos del Domingo de Ramos de 4 de abril de 1982, se daba la noticia de que ese año se estrenaría un nuevo paso, propio de San Juan Evangelista.

La Talla

Nuestro San Juan, es una talla de madera policromada realizada en 1982 por el conocido escultor madrileño D. Francisco Javier Santos de la Hera. Una imagen que rompe radicalmente con el estilo castellano con el que hasta el momento se representaba la figura de San Juan en nuestra ciudad, introduciendo un carácter más barroco, lo que podemos observar en su realismo, la sensación de movimiento, los músculos que se encuentran en tensión y las venas que parecen latir bajo la piel.

Característico es el manto policromado, sobre el que se utiliza la técnica del estofado, que a pesar de haber sido recortado respecto a su diseño original, por sus grandes dimensiones, sus formas redondeadas y sus pliegues trasmiten una sensación de movimiento real que hace a la imagen más interesante si cabe, tiene una altura de 1,70 metros, un peso de unos 90 kg, y fue adquirido para la Cofradía por la cantidad 560.000 pesetas.

El escultor, posteriormente conocido por el incumplimiento en los plazos de entrega establecidos, no cumple con su contrato y el Discípulo Amado se demora en su entrega. Así lo relataba Julio Cayón:

De cualquier forma el nerviosismo se apoderaba de la Junta. Es más que razonable la intranquilidad que se palpa. Se habla con Santos de la Hera para forzar la situación y por toda respuesta se obtiene que la obra estará lista el Jueves Santo y nunca antes. Ha resultado inviable, lo explica con docilidad y resignación el autor de la talla, concluir antes la figura. Le ha sido imposible. Aquello es poco menos que una emergencia en toda regla. Hay que solventar, como sea, el traslado.

Se barajan varias posibilidades para traer la obra y, al final la disposición sin reservas del tesorero, Antonio Fuentes, y los seises Juan Miguel Díez Alija, que también serviría a la cofradía como Abad entre 1990 y 1992 y Ángel Rodríguez Suárez son fundamentales. A ello se le une la colaboración de Álvarez Sandoval, que pone al servicio de la Cofradía un furgón abierto de su empresa (Chiloverg) y el chófer. A primera hora de la mañana del Jueves Santo de 1982 salen hacia Madrid para regresar por la tarde con la obra. No hay autovía, no existen los teléfonos portátiles, es casi una aventura debido el momento que se vive. De regreso-y el hecho muy pocos lo conocen- están a punto de sufrir un accidente. No ocurre nada. Todo queda en un susto y el San Juan, envuelto en mantas, aparece a las puertas de Santa Nonia a las 6 de la tarde. En el pórtico los esperan como a héroes, la Junta de Seises con Guillermo Pintor a la cabeza hecho un revoltijo de intranquilidades, hermanos y los que deben aclopar la imagen sobre las andas. Nadie falta

Julio Cayón

Recordar que ese año también se estrenaban las nuevas andas, realizadas por Luis Estrada.

Posteriormente el trono fue realizado por el taller astorgano Proceso Arte 8, se estrenó en una primera fase en 1998, sufriendo una ampliación en la que paso a incrementarse el numero de braceros de 42 a los 92 actuales y una segunda fase en el año 2000. De madera de caoba africana, con forma de pirámide truncada y rematado con molduras de formas suaves y redondeadas, motivos vegetales barrocos, un entramado de cestería, dos emblemas de la Cofradía a ambos lados y el Águila de Patmós en el frontal.

“¡Ay dolor, dolor,
por mi primo y mi Señor!
Yo soy aquel que dormí
en el regazo sagrado,
y grandes secretos vi
en los cielos sublimado.
Yo soy Juan, aquel privado
de mi Señor y mi primo;
yo soy el triste que gimo
con un dolor estremado

Como acertadamente describe el hermano Javier Antón Cuñado, se trata de una obra que, si bien rompe con el estilo tradicional de la imaginería leonesa, ha supuesto un enriquecimiento artístico importante para la Semana Santa de nuestra ciudad y para nuestra querida Cofradía.
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