Hoy, 4 de febrero, el calendario de nuestra memoria se detiene para abrazar a nuestros hermanos de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno en su 415 aniversario.
Desde aquel lejano 1611, nuestras historias no han corrido paralelas, sino entrelazadas. Somos el eco de los mismos pasos sobre el empedrado de nuestra ciudad, el aroma del mismo incienso que asciende al cielo y la misma oración callada bajo el peso de un hombro que no se rinde.
Nos unen siglos de raíces compartidas: Desde los orígenes, cuando nuestros antepasados soñaron esta fe, hasta hoy, que nos seguimos mirando a los ojos con el respeto de quienes se saben hermanos. Porque lo que une a las Angustias con el Dulce Nombre no es solo la historia, es ese hilo invisible de seda y terciopelo que nos hace sentirnos parte de un mismo destino.
Que el Jesús Nazareno, con su cruz a cuestas, y nuestra Madre de las Angustias y Soledad, encuentren siempre en nuestro caminar común el reflejo de una hermandad inquebrantable.
¡Felicidades, hermanos del Dulce Nombre!
Fotografía: Luisma Pérez


